El tipo intenta escapar de una isla desierta y no puede. Cuando ve la oportunidad y la marea está baja, el hombre se anima, saca la balsa construida con amor propio, toma dos ramas con forma de remo y se encomienda a Dios. Y a remar, y remar... hasta dar con una orilla de latitudes diferentes a la desierta y desplobada de donde Atlético no puede salir. El "decano" está contra las cuerdas, atado de pies y manos, rodeado por tiburones blancos ansiosos por ver quién tira el primer mordiscón del banquete celestial. Las estaciones de un Clausura cercano al invierno están consumiendo lentamente la idea del batacazo. Ayer, los dirigidos por Gómez volvieron a quemar naves. En vano, por supuesto. No hubo goles, menos risas. Tampoco un triunfo. River, su enemigo, pudo haberse ido a casa con algo más de oxígeno. Sin embargo, Díaz y Ortega fueron los culpables de no haberle dado algo más que una fecha de aire a los pulmones de Leonardo Astrada. En cambio, lo de Gómez es distinto. Si bien no sabe lo que es cantar la marcha de la victoria, en Atlético nadie lo va a despedir. El tipo llegó vestido de bombero y apostó a erigirse en mesías. Pero... Por lo hecho hasta ahora, difícil pinta la cosa. Para colmo, le tiró palos al grupo. Mmm.
Se fue la enésima oportunidad del "decano" de patear el tablero y escalar algo más que nada en la tabla del descenso. Empezó bien, encendido, jugando al todo por el todo en cada movimiento, pero nada más que eso.
Con corazón no basta en este momento. Hace falta fútbol. De hecho, Atlético no lo encuentra y la guillotina está lista para cortar cabezas.El equipo puso todo y no alcanzó. Gigliotti, de gran labor defensiva, pateó una vez al arco y casi la mete. Fue después de un buscapié de Montiglio. "Pulguita" tuvo la suya con un disparo cruzado -surcó todo el arco de Vega- aunque el cuero se fue afuera. Nada más. Esta síntesis marcó las escasísimas oportunidades de gol que generó el equipo. Así no se puede. Por fortuna, ni Ortega ni Díaz estuvieron finos para sentenciar el cuento de Atlético, del que todavía no se conoce el final. Aunque por cómo viene la mano, si en la próxima fecha no sonríe como es debido, estará todo dicho.

Mucho ruido,  pocas nueces     
River pudo haber ganado el partido, pero también pudo irse derrotado. Atlético generó situaciones como para ilusionarse con su primera victoria en el torneo. No pudo ser para ninguno de los dos.

Ni armadores ni goles
    
Atlético extraña un armador. Pereyra, que en teoría debe  cumplir esa función, vivió una noche olvidable. Se inundó con sus propias patriadas. Gigliotti, es un luchador, pero no pateó al arco. Fabio no tuvo ni una.

Habrá que ir por el milagro
Si es por los números, Atlético todavía no descendió, pero no puede perder ni un partido más. Debe ganar cinco y empatar uno. Si no, la condena es todo un hecho. A esta altura, el objetivo parece un sueño lejano.